El mural se encuentra semicubierto por una estantería con mercadería. En la parte superior pueden verse algunos de los daños
Un mural pintado hace casi 60 años en el centro mendocino por los discípulos en la provincia del célebre artista argentino Juan Carlos Castagnino, se deteriora día a día por la falta de amparo legal y dinero para su recuperación. Se trata de un inmenso fresco, técnica pictórica muy poco empleada en la zona, que ocupa una de las paredes del local de Barcala 25. En los años 50 funcionaba allí la Asociación Israelita de Crédito, pero luego estuvo desocupado y desde hace tiempo está alquilado por un mayorista de juguetes y librería.Así, este testimonio de la época en que en Mendoza se pretendía popularizar la pintura tal como lo hizo el muralismo mexicano está semioculto por las estanterías con mercadería. Pero lo más grave son las heridas que tiene esta obra (de unos 3 x 6 metros) que sintetiza en imágenes la lucha del pueblo judío, su inmigración, su arraigo en Mendoza y su aporte a la comunidad local. Entre otros daños, la parte superior del mural se ha descascarado groseramente; está manchado con gotas de la pintura que se debe haber usado para cambiarle la cara al local; tiene agujeros de tacos fisher; y un velo de tono ámbar opaca lo que fue su color original.
Consultada al respecto, Valeria Cortegoso, directora de Patrimonio de la Provincia, aseguró a UNO que en varias oportunidades personal técnico de esa repartición ha ido a ver en qué estado se encuentra y pidió que se despejara la pared para evitar que se siga dañando. Añadió que pese a su importancia, no está formalmente considerado dentro de los bienes patrimoniales de la provincia, aunque se han reunido los antecedentes para incluirlo.
Sin embargo, las restauraciones son muy caras y en Mendoza no hay profesionales que puedan hacerlo apuntó. Además, es el primer año que existe un fondo para bienes patrimoniales que se ejecuta a través de Obras Públicas, por lo que el dinero se destinó a recuperar edificios de la provincia. Tal vez, en un futuro proyecto se lo incluya. También aclaró que al ser de un privado habría que convenir que (la obra) le sea funcional al dueño.
El mural data de 1955 y fue el segundo al fresco que se hizo en Mendoza luego del que realizó Castagnino en la Clínica Godoy Cruz con un grupo de artistas mendocinos. Según la investigadora María Clara Marquet, el motivo está inspirado en los versos del poeta judío Péretz. En el centro, hay un estudiante, un profesor y un científico resumiendo la preocupación intelectual del hombre. Y por otro lado, una familia entre vides y bodegas. En los extremos se representó la guerra, la inmigración y la paz a través de una paloma blanca.
La brigada del arte popular El derruido mural de calle Barcala fue realizado en 1955 por Mario Vicente, Luis B. Rosas y José Bermúdez (foto), sobre bocetos de éste último. Estos trabajaron bajo la guía de Jorge Gneco, artista porteño enviado por Juan Carlos Castagnino, célebre por sus cuadros con motivos equinos y haber ilustrado una edición de Martín Fierro, entre otros. En la década de 1950, esos pintores mendocinos, al que se sumaba Luis Quesada, formaban el Taller de Arte Popular Realista, que luego se transformó en el Club de Grabado y más tarde en el Taller de Murales. Esta brigada creativa creía en el mural y el grabado como formas para socializar y popularizar el arte para que llegue a la gente. Para eso, seguían la ideología de Castagnino, discípulo en Argentina de los mexicanos Orozco, Siqueiros y Rivera.
Así estos defensores del trabajo colectivo fueron los creadores de varias de las obras de muralística que pueden verse en Ciudad, como la que está en las paredes laterales del vestíbulo de Casa de Gobierno y el que se encuentra junto a las escaleras de la Galería Tonsa.
Por ARIEL SEVILLA