Boletín 6:1
 ASOCIACIÓN PARA LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO
CULTURAL DE LAS AMÉRICAS

Julio 1995

ALGUNOS COMENTARIOS ADICIONALES SOBRE EL CONGRESO DE IIC, OTTAWA

La nota de "Un Espectador en el Congreso de Conservación Preventiva, IIC, Ottawa (APOYO 5:2 1994), de mi amigo Silvo Goren me lleva a escribir estas líneas para afirmar lo que allí sostiene con referencia al uso de equipos de ambientación. Como lo menciona, es creencia general y aceptada que todos los problemas de conservación serían solucionados si todos los museos y galerías pudiesen contar con equipos acondicionadores de aire. Creo que no está por demás desarrollar esta idea con más detalle.


Es sabido que la preservación de un objeto requiere de un ambiente con temperatura, humedad relativa y nivel de iluminación adecuado y constante. Pero esta premisa, que es relativamente sencilla de adoptar para un objeto, no lo es tanto cuando ha de ser extendida a muchos objetos, luego a galerías, y finalmente a museos enteros. La "puesta en práctica" de la teoría no sólo tiene problemas de diseño y funcionamiento, sino que también puede introducir nuevos problemas.


El diseño e instalación de sistemas acondicionadores en edificios que, en general, no los preveían, se complica habitualmente porque la instalación se realiza por partes que funcionan independientemente y deben luego integrarse en un sistema central, complicándose el todo por la necesidad de medición y control electrónico de los niveles de temperatura y humedad requeridos, que varían con la estaciones anuales y la presencia de público. Frecuentemente lo "erróneo" o malfuncionamientos que se producen resultan en cambios de temperatura y humedad mayores, y más bruscos, de los que podrían ocurrir no habiendo sistema de acondicionamiento alguno.


Finalmente, es necesario recordar que los sistemas acondicionadores requieren de motores para su funcionamiento que, si no están adecuadamente aislados, producen vibraciones que afectan el edificio y su contenido. Este problema recién comienza a ser mencionado. Es sabido que las vibraciones causan la "fatiga" de muchos materiales terminando en su destrucción total. No se conoce que daños producen leves vibraciones a largo plazo. El plazo en el que estos sistemas acondicionadores estuvieron funcionando.


No me asombraría si el siglo venidero condenase la falta de sensibilidad que tuvimos respecto a estos problemas. Es de esperar que para entonces los sistemas acondicionadores hayan progresado tanto que no requieran motores, que sean independientes de la red de energía eléctrica y que los sistemas de controles electrónicos sean más sofisticados y requiriendo menor manutención.


A. Elena Charola

 

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