Boletín 3:1
 ASOCIACIÓN PARA LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO
CULTURAL DE LAS AMÉRICAS

Marzo 1992

PROYECTO DE CAPACITACIÓN EN CHILE

Como consecuencia de un diagnóstico sobre el estado de conservación del patrimonio mueble de los museos chilenos, que se realizó en 1987, se determinó otorgar prioridad a la capacitación en conservación preventiva. Para ello se diseñó un programa a tres años de plazo, cuyo objetivo consistió en dar una formación teórica y práctica.

Durante el primer año, se adquirieron instrumentos de medición ambiental y se formó un grupo de diez monitores mediante un curso intensivo que duró un mes. Durante el segundo año, estas personas efectuaron trabajos prácticos y organizaron material para impartir cursos a otras personas. En el curso del tercer año, los monitores, formando equipos de dos personas, dictaron cursos en cinco ciudades a lo largo de Chile, a nuevos grupos de diez personas. De tal manera, se logró formar a 60 personas en tres años.

Historia
En 1987 se llevó a cabo en Chile una reunión para realizar un Diagnóstico de conservación del Patrimonio Mueble de Museos chilenos. La reunión contó con el apoyo de ICCROM y de una subvención del Getty Grant Program. Participaron en ella 60 personas de todo el país. Se concluyó que uno de los aspectos prioritario que debían afrontar nuestros museos se refería a la formación de especialistas, específicamente a la capacitación de las personas que trabajan con las colecciones.

El Centro Nacional de Conservación y Restauración recogió la inquietud y formuló un proyecto para capacitar en la conservación preventiva al mayor número de personas que fuese posible en el país. Se determinó que para lograr comunicar conocimientos efectivos en esta materia, era conveniente que existiese un contacto directo entre alumno y profesor, instrumentos, objetos culturales y ambiente. Esto llevó a pensar en un sistema de capacitación con cursos dirigidos a grupos de aproximadamente diez personas. Se formuló por tanto un proyecto, con una duración de tres años, cuya idea central fue crear una red de personas con conocimientos en conservación preventiva. Las primeras personas que recibieran este tipo de capacitación serían denominadas monitores, y deberían comprometerse a trasmitir sus conocimientos a terceros.

Este proyecto fué presentado y aprobado por la Fundación Andes a comienzos de 1988, dando cabida a que se iniciara en julio de ese año. La primera fase (1988) contempló la adquisición de instrumentos de medición ambiental, la selección de las personas que serían entrenadas como monitores y el curso propiamente tal.

Se compraron termohigrógrafos, sicrómetros, luxímetros y medidores de luz ultravioleta de manera que hubiesen suficientes instrumentos disponibles para los alumnos. Se seleccionaron los alumnos / monitores, buscando personas que tuvieran contacto directo con las colecciones, con experiencia previa en la materia y con capacidad para trasmitir conocimientos. También se tuvo en cuenta que los candidatos fueran conservadores con diversas especialidades y que provinieran de diferentes museos. El curso, de un mes de duración, fue dictado por Gael de Guichen con la cooperación de Benoit de Tapol, ambos de ICCROM.

Con anterioridad al curso, Guichen realizó un viaje al norte y sur del país para conocer la realidad de nuestros museos y poder dictar sus clases en forma dirigida. El curso se dictó en el Museo Histórico Nacional en Santiago y fue muy intensivo. Fué organizado en base a clases lectivas y a módulos de trabajo donde cada participante avanzaba a su propio ritmo y se utilizaron muchos ejemplos prácticos y material audiovisual.
Guichen puso especial énfasis en capacitar pedagógicamente a los monitores para el momento en que a ellos les correspondiera dictar clases.

La segunda fase (1989) estuvo dedicada fundamentalmente a que los monitores ejercitaran los conocimientos adquiridos y a la preparación de material didáctico con ejemplos de zonas climáticas, museos y colecciones chilenas. Para ello cada uno de los monitores aplicó primero la metodología aprendida en el museo donde habitualmente trabaja. Luego en grupos de a dos visitaron diferentes museos con el objetivo de realizar un diagnóstico sobre el estado de conservación de las colecciones y de trabajar directamente con el personal de ese museo. Finalmente se dictó un curso piloto de dos semanas de duración en la ciudad de Talca.

La tercera fase (1990) fue sin duda el año de mayor desafío para el proyecto. Se concluyó la preparación de material didáctico para los cursos que se debían dictar durante ese año. Se estimó que la disponibilidad de bibliografía y de buen material de apoyo era esencial para el éxito de los cursos. Por lo tanto se desarrolló una colección de diapositivas con ejemplos de colecciones chilenas que ilustrara claramente los diferentes tipos de deterioro y sus causas, problemas en exhibiciones y depósitos, etc. Se preparó para cada alumno una carpeta con el contenido del curso, fichas de ejercicio y fichas de inspección. Como la disponibilidad de bibliografía especializada es restringida se preparó también para cada alumno una selección de artículos sobre iluminación, temperatura y humedad, control de plagas y manejo de depósitos. Se disponía también de los instrumentos de medición, de un juego de documentos con experimentos prácticos y de una carpeta con diferentes materiales de conservación.

Los monitores en grupos de a dos dictaron cursos de dos semanas de duración en las ciudades de Antofagasta, Santiago, Concepción, Temuco y Punta Arenas a grupos de diez personas cada vez. El objetivo de los cursos fue capacitar personal para el manejo de una metodología de inspección del estado de conservación de las colecciones, como también entregar la información que permita proponer medidas de primeros auxilios.

Para poder llevar adelante este proyecto se establecieron dos reuniones anuales (abril y noviembre) de un día y medio de duración cada una, donde los monitores exponían las experiencias del período anterior, intercambiaban ideas, compartían dudas y se establecían las actividades para el período siguiente. Este esquema permitió crear un equipo de personas y que dieran continuidad al proyecto durante toda su duración.

En términos generales el proyecto fue exitoso, pues permitió difundir los conocimientos a un grupo de personas a lo largo de Chile. La obligación de dictar clases llevó a los monitores a profundizar en las materias. Tal vez el principal problema que surgió fue la diversidad de personas que postularon a los cursos en 1990, siendo difícil definir el nivel. En general los asistentes manifestaron su conformidad con la calidad del curso, muchos de ellos señalaron que sería interesante participar en un segundo curso de mayor profundización.
Organizar este curso es nuestro mayor desafío en el futuro.


Magdalena Krebs Kaulen

 

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